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Agente de bendición

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"Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?" — Juan 6:9 (RVR60)

Un almuerzo que nadie tomó en serio

Había miles de personas con hambre. Los discípulos estaban preocupados, sin saber qué hacer. Felipe ya había sacado cuentas y dijo que ni doscientos denarios de pan bastarían. La situación parecía imposible.

Y en medio de todo eso, aparece un niño con cinco panes y dos peces. No un líder, no alguien con recursos ni influencia. Un niño con un almuerzo que apenas alcanzaba para él. Andrés lo mencionó casi con vergüenza: "¿qué es esto para tantos?"

Pero ese muchacho lo puso en las manos de Jesús — y Jesús alimentó a miles. No se quedó calculando si lo que tenía era suficiente. Simplemente lo entregó. Y en las manos de Jesús, lo insuficiente se volvió más que suficiente.

Lo que Dios realmente busca

Vivimos creyendo que para impactar necesitamos algo grande. Una plataforma con miles de seguidores, un título que impresione, recursos que abunden. Pensamos que los que realmente hacen la diferencia en el reino de Dios son los que tienen elocuencia, los que predican a multitudes, los que tienen visibilidad.

Pero mira el patrón en la Biblia: Moisés tenía una vara. David tenía una honda. La viuda tenía dos blancas. El muchacho tenía un almuerzo. Ninguno de ellos tenía algo impresionante a los ojos del mundo. Dios no los escogió por lo que tenían — los escogió porque estaban disponibles. Esa es la diferencia.

La grandeza en el reino no se mide por lo que tienes en las manos, sino por lo dispuesto que estás a usarlo para servir a otros. Y cuando esa disposición se encuentra con el poder de Dios, Él hace proezas con lo que el mundo descartó.

De disponible a instrumento

Y aquí está lo hermoso: cuando tú te pones a disposición de Dios, Él no solo te usa una vez — te convierte en su instrumento continuo para bendecir a otros. Tu disponibilidad se transforma en generosidad. Tu entrega a Él se derrama sobre las personas que te rodean.

La Biblia dice que más bienaventurado es dar que recibir (Hechos 20:35). Siempre son más los que quieren recibir que los que tienen el corazón para dar. Pero cuando tú decides ser de los que bendicen — en tu trabajo, en tu familia, en tu vecindario, en tu iglesia — te conviertes en exactamente lo que el cielo está buscando.

No parece glamoroso. El mundo no te va a aplaudir por eso. Pero cuando Dios quiere tocar una vida y piensa en ti como instrumento — ¿sabes lo especial que es eso? Que el Dios del universo cuente contigo.

Proponte hoy

Un gran hombre de Dios dijo: "Debes convertirte en un agente divino de bendición." Esa es la mentalidad del reino. No una mentalidad de "¿qué puedo recibir?", sino de "¿a quién puedo bendecir hoy?"

No esperes tener más para empezar. Ese niño no esperó a tener un banquete — entregó lo que tenía. Y con eso, Jesús hizo lo imposible.

Pon lo tuyo en las manos de Dios hoy. Que cuando Él busque a alguien con quien contar, te encuentre listo — con las manos abiertas y el corazón dispuesto a ser de bendición.

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