A sus piesA sus pies

Al que alimentas, gana

Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. — Romanos 8:13 (RVR60)

Una historia que nunca olvidé

Hace más de 16 años escuché una historia en la iglesia que nunca pude sacarme de la mente. Tenía 12 años, pero el impacto fue tan grande que hoy la recuerdo como si la hubiera escuchado ayer.

Había un hombre que tenía dos perros: uno blanco y uno negro. Cada vez que los ponía a pelear, el perro al que él apostaba siempre ganaba. Sin excepción. Sin margen de error.

La gente, asombrada, le preguntó: "¿Cómo es posible que siempre gane el que tú eliges?"

Su respuesta fue devastadoramente simple: "Al que quiero que gane, lo alimento toda la semana. Al otro lo dejo sin comer."

No había misterio. No había suerte. Solo una decisión repetida día tras día.

La batalla ya se decidió antes de empezar

Tú tienes dos naturalezas en guerra: la carne y el espíritu. Y cada día, con cada decisión, estás alimentando a una de las dos.

Cuando llega la tentación, la pelea ya está decidida. No se gana en el momento de la crisis — se gana en lo que hiciste toda la semana. Si alimentaste tu espíritu con la Palabra, con oración, con obediencia, con adoración… tu carne no tiene oportunidad. Está débil. Está famélica.

Pero si alimentaste tu carne — con horas en TikTok, scrolleando Instagram sin propósito, viendo lo que no debías en tu teléfono a medianoche, llenándote de series, música que te aleja de Dios, conversaciones vacías, chismes — no hay fuerza de voluntad que te salve. El que está fuerte siempre vence al que está débil.

La decisión está en tus manos

Pablo no lo pudo decir más claro: si vives conforme a la carne, moriréis. Pero si por el Espíritu haces morir las obras de la carne, viviréis.

No dice "si luchas más fuerte". Dice si por el Espíritu — es decir, alimentado por Él, fortalecido en Él, dependiendo de Él — haces morir lo que te destruye.

La pregunta no es si puedes vencer el pecado. La pregunta es: ¿a cuál de los dos estás alimentando?

Hoy decides quién gana mañana

Revisa tu semana. ¿Qué has estado alimentando? ¿A qué le has dado tu tiempo, tu atención, tu energía? Porque eso que alimentaste es lo que va a ganar cuando llegue la prueba.

Alimenta tu espíritu hoy. Llénate de la Palabra. Ora. Busca Su presencia. Y cuando venga la tentación, ya sabrás de antemano quién va a ganar.

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