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Así crece una vida de oración

Ver reflexion4 minTu oración crece cuando vuelves seguido. Colosenses 4:2.
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Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias. — Colosenses 4:2 (RVR1960)

El deseo que no se apaga

Pablo escribe "perseverad" y "velando." Esas dos palabras describen a alguien que no quiere soltar la oración ni cuando el cuerpo le pide parar. Hay noches en que el sueño te gana y días en que la mente se dispersa antes de que digas una palabra. Pero algo dentro de ti sigue queriendo hablar con Él.

Ese deseo no es casualidad. Es el Espíritu Santo moviéndose. Y cuando decides honrar ese deseo aunque estés cansado, tu vida de oración empieza a crecer.

Tres minutos aquí, tres minutos allá

No necesitas una hora ininterrumpida para mantenerte cerca de Dios. Tres minutos antes de salir de casa. Tres minutos en el carro. Tres minutos mientras esperas. Esos pequeños ratos que normalmente llenas con el teléfono pueden convertirse en los momentos que te sostienen espiritualmente.

La oración constante se construye aprovechando los huecos del día.

Ora con la Palabra

El tercer paso es el que más profundidad le da a todo: orar con la Biblia abierta. Cuando lees un pasaje y lo conviertes en conversación con Dios, tu oración deja de ser repetitiva. Estás respondiendo a lo que Él ya dijo. Y eso le da a tu tiempo con Dios un peso que no tenía antes.

Ponlas a prueba

Son tres. Prueba las tres esta semana. Honra el deseo de orar cuando aparezca, aunque estés cansado. Llena los huecos del día con tres minutos de conversación con Él. Y abre tu Biblia antes de orar para que la Palabra guíe lo que dices. Dale siete días y fíjate qué cambia. Tu vida de oración te va a dar la respuesta.

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