"Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos." — 2 Corintios 13:5 (RVR60)
Examinaos. No es una invitación suave — es un mandato. Pablo lo dice con claridad: mírate por dentro, pruébate, sé honesto contigo mismo delante de Dios.
En Gálatas 5, la Palabra nos da un espejo. Pablo describe las obras de la carne — no para señalar a otros, sino para que cada uno lo use como herramienta de examen personal. ¿Me veo aquí? ¿Hay algo de esto que todavía opera en mí?
Hoy, de forma intencional y honesta, haz una lista. Escríbela. Las obras carnales que sabes que viven en ti — las que te alejan de Dios, las que reconoces pero que quizás has aprendido a convivir con ellas. El orgullo que no cede. La falta de perdón que todavía guardas. La envidia que niegas. El resentimiento, la impureza, la crítica constante, el egoísmo disfrazado.
Todos tenemos el viejo hombre acechándonos. Si nos descuidamos y no lo hacemos morir, esos deseos y pasiones vuelven a vivir. No pueden seguir.
Esto no es negociable. Debe morir. No reducirse, no controlarse mejor — morir. La carne no se reforma, se crucifica.
El propósito no es condenarte — es purificarte. Despojarte de todo lo que te aleja de Dios para que haya más espacio para Él. Y eso requiere intencionalidad. No va a pasar solo. Tienes que quererlo, pedirlo y perseguirlo.
Ora. Ayuna. Lleva esa lista delante del Señor esta semana con urgencia real. Mañana veremos el fruto del Espíritu — pero hoy, quédate en el espejo.
Tómate mucho amor a Gálatas 5 esta semana. Va a ser la base de lo que trabajaremos juntos.