A sus piesA sus pies

Habla con Dios, no solo a Dios

Escuchar
Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. — Éxodo 33:11 (RVR1960)

Moisés no recitaba — conversaba

Piensa en lo que describe este versículo. Moisés no entraba al tabernáculo con un discurso preparado. No repetía frases ensayadas ni seguía un formato rígido. Hablaba con Dios como se habla con alguien que está ahí y que responde.

Cara a cara. Como un compañero.

Hablarle a Dios se siente vacío

Hay una forma de orar que se parece más a dejar un mensaje de voz que a sentarse con alguien. Ojos cerrados, piloto automático, peticiones recitadas como lista de compras. Cuando terminas, sientes que nada pasó.

Porque no hubo conversación. Hubo un monólogo dirigido a alguien que nunca recibió espacio para participar.

Sentarse con alguien cambia la oración

Cuando hablas con Dios, algo se mueve. Dejas de sentir que oras al vacío. Empiezas a notar que hay alguien del otro lado. La técnica no cambió. Cambió la postura. Ya no estás cumpliendo un deber. Estás con alguien.

Ahí es donde la oración deja de ser pesada y empieza a ser un lugar al que quieres volver.

Hoy, habla con Él

Cuando llegue tu hora de oración, no empieces con una lista. Empieza como empezarías con alguien que te conoce y está sentado frente a ti. Cuéntale cómo estás. Y después quédate callado un momento. Deja que la conversación fluya en las dos direcciones.

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