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La guerra que decides cada día

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. — Gálatas 5:17 (RVR60)

Una guerra que no puedes ignorar

No hay neutralidad en la vida cristiana. Cada mañana que despiertas, la batalla ya comenzó.

Pablo no habla de una guerra externa —de circunstancias o de personas difíciles. Habla de una guerra interior, profunda, constante: la carne contra el Espíritu.

Y lo que hace esta guerra tan seria es que los dos bandos no pueden coexistir en paz. Uno quiere lo opuesto al otro.

Morir para vivir

Jesús fue claro: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23)

Morir a uno mismo no es un evento de una vez. Es una decisión diaria. Es decirle no a tu ego, a tus impulsos, a tus apetitos —y decirle sí al Espíritu.

Cada vez que escoges el silencio en lugar del argumento, la generosidad en lugar del egoísmo, la obediencia en lugar del placer fácil —estás muriendo a ti mismo.

Y en ese morir hay vida.

El fruto no crece en la carne

El amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la templanza —este fruto no viene de tus esfuerzos carnales. Viene del Espíritu.

Por eso la lucha importa. No para que ganes por tu propia fuerza, sino para que te rindas al Espíritu lo suficiente como para que Él obre en ti.

Cuando te niegas a ti mismo, le estás haciendo espacio a Él.

El error del cristiano pasivo

Muchos creyentes esperan que el fruto del Espíritu simplemente "llegue" —que un día amanezcan diferentes, más pacientes, más amorosos, más puros.

Pero Pablo dice que debes andar en el Espíritu (Gálatas 5:16). Es un caminar activo, intencional, diario.

No puedes rendirte a la carne toda la semana y esperar el fruto del Espíritu el domingo.

Hoy, elige bien

La guerra está en pie. Y hoy habrá momentos donde la carne gritará —el orgullo, el placer, la amargura, el miedo— y el Espíritu susurrará algo diferente.

¿A cuál le darás la victoria hoy?

No lo decides una vez. Lo decides en cada conversación, en cada tentación, en cada momento de elección.

Muere. Y vive.

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