Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. — Colosenses 3:1-2 (RVR1960)
Pablo empieza con un hecho
No empieza con un consejo. Empieza con algo que ya pasó: resucitaste con Cristo. Esa es la base de todo lo que sigue. La orden de poner la mira en las cosas de arriba es la consecuencia lógica de lo que ya ocurrió en ti.
Si moriste y resucitaste con Él, tu vida ya no se define por lo que pasa aquí abajo. Se define por donde está Cristo: sentado a la diestra de Dios, reinando.
Cuando lo temporal se vuelve centro
Poner la mira en las cosas de la tierra no significa que trabajes o que disfrutes la vida. Significa que esas cosas se convirtieron en tu centro. Que tus decisiones giran alrededor de lo temporal. Que tu paz depende de lo que puedes controlar.
Cuando la mira está en lo de abajo, cualquier pérdida se siente como el fin. Cualquier fracaso se vuelve identidad.
Cristo gobierna la mira
Buscar las cosas de arriba es dejar que la realidad de Cristo gobierne tu forma de pensar y de responder. Tomar decisiones desde la eternidad. Confiar en que lo que Dios dice pesa más que lo que tus ojos ven.
Lo terrenal no desaparece. Pero deja de mandarte. Vives con los pies en la tierra y el corazón anclado en el trono.
Hoy, ajusta la mira
Pregúntate: ¿qué gobierna tus pensamientos esta semana? ¿Lo que temes perder o lo que Cristo ya te aseguró? Vuelve al texto. Ya resucitaste con Él. Vive desde ahí.