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No olvides lo que Él ha hecho

Ver reflexion3 minEl Salmo 103 nos invita a hacer memoria de los beneficios de Dios. Cuando recordamos, la adoración brota sola.
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Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. — Salmo 103:2 (RVR60)

Una estrategia poderosa

David nos regala en el Salmo 103 algo más que un poema: nos da una estrategia. Cuando el alma se siente cansada, distraída o fría, hay algo que podemos hacer: recordar. Hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nosotros y en los que nos rodean es una de las herramientas más poderosas que tenemos como creyentes.

Observa que David no está hablando primero a otros; está hablándole a su propia alma. Cuando el corazón se enfría, no espera pasivamente a sentirse inspirado. Se recuerda a sí mismo quién es Dios y lo que Dios ha hecho. La adoración comienza cuando nuestra memoria se alinea con la verdad.

Y lo hermoso es que funciona. Cada vez que recuerdas un beneficio de Dios, tu corazón se enciende de nuevo.

Tienes razones para adorar

Detente un momento y piensa: Él perdonó todas tus iniquidades, sanó todas tus dolencias, rescató tu vida del hoyo y te coronó de favores y misericordias (v. 3-4). No son promesas lejanas — son cosas que ya hizo por ti.

Y no solo en tu vida. Mira a tu alrededor: en tu familia, en tus hermanos, en las personas que amas. La bondad de Dios ha dejado huellas por todas partes. Cuando las reconoces, te das cuenta de que tienes más razones para adorar de las que imaginabas.

Recordar enciende la adoración

La adoración más genuina no nace de una atmósfera perfecta ni de una canción especial. Nace de la memoria fiel. Cuando repasas lo que Dios ha hecho — cada provisión, cada respuesta, cada puerta abierta, cada abrazo de su gracia — algo se despierta dentro de ti que no puedes contener.

David lo sabía: Dios es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia (v. 8). Y eso no ha cambiado. El mismo Dios que fue fiel ayer lo sigue siendo hoy.

Haz memoria hoy

Hoy tienes una invitación: usa esta estrategia. Nombra un beneficio de Dios en tu vida. Recuerda lo que hizo por alguien que amas. Cuéntale a otro lo que Dios ha hecho por ti. Cada recuerdo se convierte en combustible para una adoración viva, genuina, desbordante.

No te faltan razones para adorar. Solo necesitas recordarlas.

Porque la memoria de la gracia alimenta la adoración.

Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.

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