«Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.» — 1 Corintios 16:13 (RVR1960)
Un llamado que no admite tibiezas
Pablo cierra su carta a los corintios con cuatro imperativos que suenan como órdenes militares. No son sugerencias. Son mandatos para ahora: vela, permanece firme, sé valiente, sé fuerte. La vida cristiana es una batalla que requiere hombres y mujeres que se nieguen a vivir con cobardía espiritual.
Fortaleza prestada
Portarse varonilmente va más allá del temperamento o la personalidad. Es una decisión de fe. Josué recibió la misma orden: «Esfuérzate y sé valiente... porque Jehová tu Dios estará contigo» (Josué 1:9). La valentía bíblica no nace de la confianza en uno mismo, sino de saber quién camina contigo. Te esfuerzas porque Él es fuerte. Te mantienes firme porque Él no se mueve.
Un camino marcado por testigos fieles
Hebreos 11 nos deja un registro de hombres y mujeres que agradaron a Dios. Enoc caminó con Él y fue llevado. Abraham obedeció sin saber adónde iba. Moisés escogió el sufrimiento del pueblo de Dios antes que los placeres del pecado. Ninguno fue perfecto, pero todos decidieron creerle a Dios más de lo que confiaron en sus circunstancias. Su testimonio es una antorcha que se te pasa a ti.
Tu turno
«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos... corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12:1). Antes de ti hubo hombres y mujeres que perseveraron y le creyeron a Dios en medio de lo imposible. Ahora te toca a ti. Hoy. Esfuérzate. Sé valiente. Su fuerza es la que obra en ti.