«Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira, y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, soplo que va y no vuelve.» — Salmo 78:38-39 (RVR1960)
Lo buscaban solo cuando dolía
El Salmo 78 cuenta la historia de un pueblo que veía milagros y los olvidaba al día siguiente. Cuando Dios los disciplinaba, corrían de vuelta a Él. Le decían lo que quería oír. Pero sus corazones no estaban firmes.
No eran ateos. Eran creyentes con memoria corta. Buscaban a Dios cuando el dolor apretaba y lo soltaban cuando la vida se acomodaba.
Y aun así, Dios perdonó
Lo que sorprende del salmo no es la rebeldía de Israel. Es la respuesta de Dios. «Misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía.» Muchas veces. No una.
No perdonó porque ellos cambiaron. Perdonó porque Él es misericordioso. Si el perdón dependiera de nuestra consistencia, nadie lo recibiría.
Soplo que va y no vuelve
«Se acordó de que eran carne.» Dios no se sorprende de tu fragilidad. Él sabe de qué estás hecho. Sabe que eres soplo — que un día estás firme y al otro flaqueas. Somos pasajeros. Inconstantes. Dios nunca espera de nosotros una fortaleza que solo Él posee.
Eso no justifica el pecado, pero sí explica la gracia. Dios no te perdona porque minimiza tu falta. Te perdona porque conoce tu barro y aun así decide sostenerte.
Dios recuerda que eres polvo. Descansa en eso.