"Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos." — Proverbios 3:9
La pregunta que cambia todo
¿Qué le estás dando a Dios?
No es una pregunta retórica. Es la pregunta más importante que puedes hacerte hoy.
Porque es muy fácil darle a Dios lo que nos sobra: el tiempo que nadie más quiere, la energía que queda al final del día, la atención que no se llevó ninguna otra cosa. Y aún así llamarlo devoción.
Pero hay una diferencia enorme entre darle a Dios lo que sobra y darle lo primero.
Abel lo entendió. Caín, no.
Caín trajo algo. Abel trajo lo mejor.
Esa diferencia —invisible para muchos— fue la que Dios notó. No porque sea exigente o caprichoso, sino porque Él siempre ve el corazón detrás del gesto. Y el corazón de Abel decía: Tú eres lo primero.
El tuyo… ¿qué está diciendo?
David también lo vivió
David no era el más alto, ni el más fuerte, ni el más obvio. Pero tenía algo que los demás no: un corazón orientado hacia Dios. Y eso fue suficiente para que Dios lo eligiera.
No adoraba para ser visto. No servía para ganarse algo. Vivía de una manera que, en sí misma, era una ofrenda.
Así es como se honra a Dios —no solo con palabras, sino con la dirección de tu vida entera.
Tu vida puede ser tu mejor ofrenda
No se trata de hacer más cosas religiosas. Se trata de reorientar lo que ya estás haciendo.
Tu tiempo. Tu talento. Tu energía. Tus decisiones. Todo eso puede ser una ofrenda —si lo das con intención, con el corazón en el lugar correcto.
Tus pasos hablan más que tus palabras. Y cuando tu caminar refleja que Dios es lo primero, eso sube delante de Él como testimonio de algo genuino. Como la ofrenda de Abel.
Una decisión concreta
Hoy, identifica una cosa —solo una— que normalmente le das a Dios al final.
Y dásela primero.
Tu mejor hora.\ Tu primer pensamiento.\ Tu prioridad.
Porque lo que pones primero… revela a quién realmente amas.